Andalucía frente a sí misma en el contexto de un mundo multipolar.
Andalucía frente a sí misma en el contexto de un mundo multipolar.

Estamos viviendo una situación histórica, trágica y de repercusiones aún desconocidas, aunque en cualquier caso decisiva, para el acontecer del futuro de las relaciones internacionales. Obviamente hablo de la Guerra de Ucrania, donde Rusia ha invadido el país tras años de un conflicto complejo, donde la OTAN propició un golpe de Estado violento en 2014, apoyado por elementos nazis. Estamos en un momento constituyente de un nuevo orden mundial. La guerra de relatos tapa lo que realmente está en juego, que no es otra cosa que el orden geopolítico actual, en fase terminal.

Para entender esto, resulta indispensable entender lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, así como en los hechos cronológicos que se van a suceder. La Alemania Nazi, tolerada en principio por las potencias democráticas que resistieron a las penurias de la época de entreguerras, se apoderó de la Renania, apoyó a los golpistas de Franco en la guerra civil española, se anexionó Austria en 1938, los Sudetes y más tarde el resto de Checoslovaquia en 1939. No sería hasta septiembre de 1939, en el momento en el que los nazis se lanzaron a conquistar Polonia, cuando las potencias democrático burguesas de entonces decidieron pararle los pies, habiendo tolerado todo lo anterior, comenzando así la Segunda Guerra Mundial.

Esos primeros años de guerra Estados Unidos, frente a una Francia rápidamente derrotada, Un Reino Unido luchando por su propia supervivencia, y una Alemania Nazi que lanza el grueso de sus tropas a la conquista de Rusia, decide quedar neutral, no implicándose en la misma, dejando de facto que Hitler se adueñara de Europa y, sobre todo, hiciera el trabajo sucio tratando de eliminar de la faz de la tierra a los comunistas del este. Pero los comunistas del este resistieron. Stalingrado sería la tumba del fascismo, la batalla comenzó el 23 de agosto de 1942 y finalizó al 2 de febrero de 1943, lugar y momento decisivo, donde las tornas cambian y Alemania comienza a perder la guerra.

La Batalla de Normandía, donde Estados Unidos se lanza decididamente a luchar en la guerra europea contra los nazis por el oeste, tiene lugar el  6 de junio de 1944, cuando esto ocurre las tropas soviéticas ya andan por Ucrania y Bielorrusia, a unos 1000 kms al oeste de Stalingrado y a otros 1000 kms de Berlín. Los soviéticos llegarían primero a la capital alemana, reportando al mundo el horror de los campos de concentración que todos conocemos, según los iba liberando. La URSS liberó a Europa del nazismo pagando un precio altísimo. 27 millones de soviéticos, contando civiles y militares, murieron enfrentando a la bicha nazi, China sufrió 11 millones de bajas, que sumados son 38 millones, más de la mitad de las 61 millones de víctimas que dejó el conflicto, incluyendo a las del bando perdedor y la del resto del bando aliado.

Estados Unidos en un principio evitó entrar de manera directa en el conflicto europeo, dedicándose a liberar zonas periféricas en África y el Pacífico, aprovechando el momento para ampliar sus áreas de influencia en el resto del planeta, dejando que la URSS sufriese los envites de una Alemania Nazi entregada a la eliminación sistemática de los pueblos eslavos, por lo que no entró en el continente hasta que entendió que si no lo hacía, la URSS podía acabar dominando Europa entera, y lo hizo a marchas forzadas cuando vio que Hitler perdía, acelerando así el fin del conflicto, y dejando una Europa donde al este los estados liberados acabarían formando parte de la influencia soviética, y al oeste, los estados formarían parte del área de influencia de Estados Unidos. Esto quedaría materializado con la creación de la OTAN (Organización del Tratado Atlántico Norte), por un lado, y más tarde, en respuesta a la OTAN, se crearía el llamado Pacto de Varsovia, entre los estados liberados por la Unión Soviética.

Una vez derrotados los nazis, La OTAN recicló a muchos de sus líderes en la conocida como “Operación Paperclip”, para aprovechar los amplios conocimientos de estos en el campo militar, científico o propagandístico. Sorprendería a más de uno lo mucho que se parecen los relatos antisoviéticos de la Alemania nazi a los relatos anticomunistas que se difunden hoy en los estados integrantes de la OTAN. Un ejemplo de la utilidad de la propaganda: en 1945 los franceses, en una amplia mayoría, sabían que la gran artífice de la derrota de los nazis en Europa fue la URSS, 70 años de propaganda después, el mismo tipo de encuesta señala que los franceses de hoy, en una mayoría, considera que el gran artífice de la liberación de Europa fueron los Estados Unidos.

¿Por qué era importante para Estados Unidos tomar parte de Europa bajo su influencia? Por un lado, como he mencionado, evitar que cayera bajo la influencia soviética,  lo que además tiene otra lectura alejada de cualquier cuestión ideológica, y es que el bloque geográfico que componen los continentes de Europa y Asia, si le incluimos África, supone un espacio tan amplio e importante que, en caso de crear lazos mercantiles y políticos, convertiría a los Estados Unidos de América y su socio predilecto, el Reino Unido, en meros estados periféricos, alejados de toda centralidad e importancia estratégica. El hecho de que Estados Unidos se involucrase a la guerra tiene más que ver con su ambición por ser la  mayor potencia mundial y controlar la economía mundial que por cuestiones de ámbito moral o ideológico.

En esta línea se entiende el proceso de creación del Estado de Israel en un espacio geográfico crucial para las relaciones Europa-Asia, como es el levante mediterráneo. En este sentido, también se entienden las innumerables guerras que Estados Unidos, mediante su apéndice, la OTAN, ha emprendido en Afganistán, Siria, Irak o Libia. Destruir a los estados que son clave para conectar tres continentes de la importancia de Asia, África y Europa. Así tenemos que entender también el proceso de nazificación de Ucrania.

Esto queda patente desde el momento en el que la URSS colapsa y la OTAN, lejos de desaparecer, continúa funcionando, primero para destruir Yugoslavia y más tarde, sobre todo a partir del anuncio de Estados Unidos de la guerra sin fin contra el fantasma del terrorismo global, se lanza a la destrucción de los estados antes mencionados del Medio Oriente. Será precisamente Rusia la que decida entrar a ayudar al régimen sirio tras el reclamo de este en la última de las guerras que desata la OTAN a miles de kilómetros de sus fronteras, frenando la destrucción de Siria, iniciándose en ese punto clave un cambio crucial en el pretendido dominio estadounidense del globo. Este momento clave, que coincide en el tiempo con el Golpe organizado por la OTAN en el Putch de Maidan, iniciará el cambio de tendencia. La iniciativa y la superioridad en el terreno, empiezan a ser de Rusia frente al tradicional dominio de la OTAN.

No podemos entender tampoco la guerra en Ucrania sin entender la dependencia económica que Europa tiene con respecto a Rusia, y lo poco que este hecho le gusta a Estados Unidos. Por ello, el gasoducto que iba a interconectar a Rusia y Alemania (Nord Stream) ha sido paralizado, las compras de gas ruso están siendo cortadas, con el consiguiente aumento del precio de la energía. Estados Unidos alimenta un gobierno antirruso en Ucrania que a base de bombardear durante ocho años a su propio pueblo, provoca una reacción rusa, que permite a Estados Unidos lograr un doble objetivo:

  1. Separar definitivamente una posible alianza este-oeste en Eurasia, por un lado.
  2. Vendernos su gas un 40% más caro, por otro.

Hoy la URSS no existe. Rusia no es comunista y está en el poder un mandatario que ideológicamente tiende más a la derecha e incluso a la extrema derecha. No podemos entender el régimen ruso actual sin entender, de hecho, el papel que la Iglesia Ortodoxa rusa cumple al respecto. Las relaciones internacionales no siempre se guían por la ideología de los contendientes, sino más bien por las necesidades, apetencias o incluso fobias de las burguesías nacionales. Putin no es tampoco un loco, es la cara visible de una estructura de poder, como lo es el régimen de los Estados Unidos y como lo es la estructura militar OTAN. Rusia ha visto como en las últimas décadas, desde la caída de la URSS, la OTAN se ha ido ampliando hacia sus fronteras, hecho que el bloque de poder ruso no acepta del mismo modo que ningún bloque de poder aceptaría que una potencia enemiga instalara misiles a pocos kilómetros de su territorio (recordar la crisis de los misiles de Cuba de 1962).

Además estamos viviendo los que parecen los últimos coletazos violentos de un Imperio decadente -Estadounidense- , un momento destituyente, donde no sin resistencias, deja de ser una potencia totalmente hegemónica, y un momento constituyente, donde otras potencias imponen su lógica,  mediante una combinación del uso de la propaganda, la economía y la guerra, debido sobre todo a un salto cualitativo, en lo que se refiere a armamento militar, donde, primero en Siria, y ahora en Ucrania, Rusia, en alianza estratégica con otras potencias, demuestra la superioridad militar frente a la OTAN, que solo puede ver como el barco infestado de neonazis que es Ucrania se hunde sin que puedan hacer nada al respecto, pues no está en condiciones de ganar una guerra convencional contra Rusia, y la guerra nuclear no se contempla, pues eso supondría sencillamente el final de la humanidad.

Estas alianzas a nivel mundial nos marcan dos hechos incontestables, por tanto:

  1. La hegemonía estadounidense está en entredicho, por no decir que ha empezado su declive. Tal es así que no puede garantizar seguridad a un estado al que previamente había asegurado poder ofrecérsela.
  2. Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ya no responden a lo que Estados Unidos da en llamar “comunidad internacional” y no se alinean con los planteamientos del mismo, y esto lo podemos ver en cuanto a la aplicación de las anunciadas sanciones contra Rusia, que solo están siendo seguidas por el espacio OTAN (Estados Unidos y la Unión Europea), más los aliados naturales de los anglosajones en Oceanía y Japón. Un tercio quizá del mundo (siendo generosos), frente a dos tercios que ya no compran el relato occidental, manchado con la sangre y las mentiras de las guerras de Yugoslavia, Afganistán, Irak, Palestina, Libia, Siria o Yemen por poner los ejemplos más evidentes, destruidas por las bombas de los occidentales y de sus estados aliados en el mundo árabe y del Estado sionista de Israel (dejamos para otro día explicar las enormes similitudes entre el fascismo, el sionismo y el islamismo de corte yihadista).

Las sanciones, que teóricamente van dirigidas a dañar la economía rusa, parecen estar dañando realmente la economía estadounidense, pero sobre todo la europea, pues el resto del mundo va a tener la puerta abierta a comerciar con aquello a los que estadounidenses y europeos han decidido sancionar, abriendo oportunidades de mercado a otros estados en Rusia, resultando que la inflación y la subida de precios está afectando a quienes son los que sancionan.

Y todo esto, sin mencionar la cuestión del hijo del hoy Presidente Joe Biden. Biden padre era Vicepresidente de Obama en 2014 cuando los sucesos de Maidan que derrocaron violentamente al gobierno de Yanukóvich en Ucrania. Su hijo -Hunter-, relacionado con problemas de adicción a drogas y otras cuestiones, parece estar relacionado con empresas energéticas ucranianas, negocios corruptos y todo esto conecta con los sucesos de Maidan y la situación actual, ya con su padre siendo Presidente, de escalada de la tensión en Ucrania hasta la situación actual, hechos que nuestra “prensa libre” ni menciona, a pesar de que es un tema que lleva años tratándose en la prensa de Estados Unidos, habrá que suponer que empezará a tratarse por estas latitudes cuando el tema estalle allá y no haya forma de taparlo más acá.

Poniendo el foco en Andalucía, tenemos que hacer un ejercicio de reflexión sobre a donde nos lleva todo esto. Geográficamente, Andalucía es la puerta a África, la puerta al Mediterráneo desde el Atlántico y viceversa, es uno de los maltratados sures de Europa. El espacio natural de Andalucía supone, además del peninsular, que damos por obvio, mirar al Mediterráneo, y eso supone mirar al norte de África, al levante mediterráneo y al Atlántico, como puerta a Hispanoamérica. Andalucía es un centro geoestratégico de primer nivel, por tanto. Un espacio que además, ahora, en el contexto de la ruptura de relaciones en Eurasia y el cierre del gas ruso, de una importancia vital para España en particular, y para la Unión Europea, en sentido amplio. Esto es así porque por Andalucía entra el gas argelino, clave hoy. Mirando a la Historia desde Andalucía, resulta obvio que esta tierra fue próspera cuando miró al sur, cuando miró al este, y cuando miró al oeste, resultando ser un territorio periférico desde el momento en el que el centro estratégico del mundo dejó de estar en el Mediterráneo y en el Atlántico, para estar en Londres, Nueva York, Amberes o París. Resulta evidente, que para salir de la situación de periferia, necesitamos que los sures vuelvan a la centralidad.

Nuestros vecinos del sur, Marruecos y Argelia, son antagónicos. Argelia es una república que tuvo que recurrir a una guerra de liberación nacional para quitarse de encima el yugo colonial francés. Nos nutre de gas, gas que ahora nos convierte de nuevo en un lugar estratégico para las relaciones de la UE. Marruecos, una monarquía criminal y sátrapa, protegida por sus antiguos amos coloniales franceses, chantajea a la Unión Europea con el flujo de migrantes, usando las vallas de Ceuta y Melilla y a las personas que, desesperadas, intentan encontrar un futuro mejor, reprimiendo o permitiendo a los mismos pasar, creando problemas cada vez que tiene algún interés concreto en presionar al gobierno español o a la UE, y además, cobrando suculentos ingresos por ello a cuenta de la propia Unión Europea. Un reino que además incumple de manera escandalosa el derecho internacional sometiendo al pueblo saharaui y negando su derecho de autodeterminación recogido por la ONU, con por cierto, el amparo del Reino español quien, de hecho, sigue siendo legalmente la potencia responsable de hacer cumplir ese derecho. Fue el Emérito Juan Carlos de Borbón quién negoció en secreto la entrega del Sáhara, negando su derecho a la autodeterminación, al Reino criminal marroquí, a cambio de que la OTAN facilitase su acceso a la jefatura del estado español.

Estos días hemos visto como el Presidente Pedro Sánchez se ha posicionado vergonzosamente del lado marroquí en la cuestión saharaui, provocando la reacción de nuestros vecinos argelinos, quienes ya se han pronunciado sobre la cuestión imponiendo sanciones como la subida del precio del gas a España, convirtiendo a Italia en su nuevo socio preferente, por la posición rastrera y vasalla del presidente español, que parece seguir órdenes de sus jefes de Estados Unidos, pues nadie aquí querría perder el privilegio de ser la puerta de entrada del gas argelino a Europa, pero tampoco nos han preguntado. Prueba de que nuestro gobierno está más pendiente de contentar a Estados Unidos -que tiene en Marruecos su socio preferente en la región- que de los intereses de su propio pueblo.

En nuestro suelo descansan dos bases de la OTAN, resultado del chantaje al Emérito durante la transición, siguiendo los pasos de su padre político, el dictador Franco. Estas bases son utilizadas por Estados Unidos para algunas de las guerras de agresión de Estados soberanos, como son los ejemplos de Yugoslavia o Libia. En caso de conflicto a gran escala, nuestro suelo será objetivo primordial, y a cambio lo único que recibimos es un puñado de puestos de trabajo que en nada resuelven el paro estructural que sufrimos. Es decir, los andaluces formamos parte de una estructura militar dominada por Estados Unidos, resultado del chantaje a jefes de estado españoles no electos, mientras tenemos que sufrir los vaivenes de una dictadura opresora marroquí, aliada de los mismos que controlan la OTAN, al mismo tiempo que nuestro suelo es utilizado para bombardear a otros pueblos oprimidos del mundo. Y todo a cambio de seguir siendo uno de los territorios más pobres de toda la Unión Europea, a cambio además de enemistarnos con Argelia y perder la oportunidad de ser un territorio clave para la cuestión energética europea. Un mínimo análisis de la situación nos llevaría a entender que los andaluces no hemos elegido esto, ni tenemos por qué soportarlo más, ni cargar con la responsabilidad de lo que otros se empeñan en hacer.

Nuestro himno dice “la bandera blanca y verde vuelve tras siglos de guerra, a pedir paz y esperanza bajo el sol de nuestra tierra”. Andalucía es tierra de paz y los andaluces somos, por naturaleza, gente pacífica. Nuestro deber histórico como pueblo debe ser, al calor de todas las experiencias negativas que hemos sufrido en ese sentido, rechazar todas las guerras por mentirosas, por inútiles y por ilegales al calor del derecho internacional. Esto supone rechazar que la guerra sea una herramienta más de las relaciones internacionales, y desde nuestro espacio social, supone por tanto hacerlo desde la verdad, quitándonos caretas carnavalescas y mirando de frente al problema, que es que no podemos exigir paz a Rusia si desde nuestro suelo se realizan masacres en base a las necesidades geoestratégicas de un Estado, Estados Unidos, que está a unos 6000 kms de nuestro suelo, que además alimenta a Estados criminales que utilizan a las personas y oprimen a los pueblos de manera descarada e injusta. Un Imperio que además está, como hemos visto antes, en un momento destituyente.

Supone, por tanto, rechazar que nuestro territorio sea lugar donde colocar bases militares, desde donde despegan cazas que lanzan misiles a pueblos vecinos en nombre de la mentira, la rapiña y la gloria ajena. Pero esto supone un acto de soberanía política, una reafirmación como andaluces de nuestro derecho a decidir, supone rechazar el proyecto imperial de Estados Unidos por fallido y fracasado, por alimentar gobiernos criminales en todas las latitudes que crean inestabilidad y sufrimiento. También supone rechazar el andamiaje del régimen del 78, heredero directo del régimen franquista, que mantiene intactas sus estructuras y alianzas antidemocráticas a nivel internacional. Supone defender el derecho de todos los pueblos a elegir su destino libremente y respetando el derecho de los demás pueblos. Supone reclamar un mundo multipolar que permita, gracias a los equilibrios entre grandes potencias, la prosperidad conjunta del planeta, y con ello, una África y un Levante mediterráneo por fin libres de influencias tóxicas, y prósperos que alimente nuestro propio crecimiento pudiendo tener mercados fuertes a nuestro sur y este con los que prosperar de manera natural. Supone decir, sin cortapisas ni excusas: no a la OTAN, sí a la paz, sí a la diplomacia, sí al derecho internacional.

Sobre el autor:

Javi Zarco

Javier Zarco

Politólogo, militante del SAT, de Defender Andalucía y de Adelante Andalucía

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